23.11.14

"La mejor juventud", 366 minutos que pasan volando



Como la propia juventud, antes de empezarla parece mucho tiempo y llegas al final sin darte cuenta.
Y es que si hacer 5 minutos de buen cine es muy dificil, 366 minutos es algo complicadísimo y que sin duda, esta película consigue hacer. Cada plano, escena, secuencia...todo está perfectamente hilado y construido para que con el paso de los minutos, te sientas uno más de la familia y vivas las alegrías y las tristezas desde muy dentro.

"¿Por qué las cosas feas nos parecen naturales y las hermosas nos cuesta tanto creerlas?" 

Una de las muchas frases que tiene la película para hacerte reflexionar, reflexionar sobre la vida. 
Porque es una pelicula que trata de la vida, es una película que tiene vida y es una película que es vida.

No ver la película por su duración es un fallo enorme, más aún cuando somos capaces de ver diez capítulos seguidos de nuestra serie favorita en un solo día. Ver la primera parte, (que únicamente es el planteamiento), pensar que es un rollo y no ver la segunda, es el segundo gran fallo. Ya que en la segunda es donde se ve todo el resultado de toda la primera parte y mucho más que aún no nos han contado. 
El único consejo que daría es que hay que verla con calma ya que puede que tarde en atraparte, en una de esas tardes de lluvia o sin ella, en la que el mejor plan posible es ponerse una película y dejarse llevar.


Tema realización, no hace falta decir que "La meglio gioventú" no es una superproducción americana y por lo tanto, no cuenta con dichos medios. Pero es que no hacen falta, lo único necesario para contar algo tan natural como la vida misma son unas interpretaciones magistrales y una historia muy cuidada y muy bien llevada. Ya el hecho de enseñarnos 40 años de la historia de Italia a través de sus personajes, tiene un mérito enorme. Sobre todo, tratándose de personajes tan bien construidos.

Si a eso además le añadimos los paisajes de la Toscana, Sicilia, Roma o Noruega; visualmente no podemos pedir más aunque técnicamente el uso de la fotografía te parezca mejorable.
El "tempo", perefectamente llevado para que nada decaiga durante las 6 horas de duración, todo narrado linealmente y sin tener que utilizar recursos como el "flashback".
La banda sonora, aunque no es original, es otro de los aciertos del film.

Los temas: El paso del tiempo; bello y poético pero a la vez triste, melancólico e irremediable. Y la familia; lo más importante de la vida y en muchas ocasiones, lo único verdaderamente importante.

 
El poder que tiene la película para hacerte llorar sin caer en los tópicos o para alegrarte sin que sepas muy bien el por qué, no es algo que ocurra en muchas ocasiones. Algo parecido a lo que sucede con otras cintas y no es casualidad, también italianas.

Se podría decir que estamos ante el "Novecento" del siglo XXI y con toques de "La vida es bella". Algo que era tan grande para la pequeña pantalla (inicialmente era un proyecto de serie con varios capítulos para la televisión), que era inevitable que acabara en la gran pantalla.

Al igual que no he podido evitar que esta crítica sea, más que cualquier otra cosa, una recomendación.

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22.11.14

"La vida de Adèle", un azul pasión



El mérito principal de "La Vida de Adèle", es que Kechiche te empieza contando la vida de una completa desconocida y acabas conociéndola por completo. Gran parte de ese mérito lo tiene la hasta entonces también desconocida, Adèle Exarchopoulos, que no puede hacer mejor ese papel que lleva su nombre.

Lo mejor de la película no es lo que te cuenta, es el cómo te lo cuenta, que desde el punto de vista de la realización, es lo que más nos importa.

Kechiche se salta una de esas reglas del paradigma clásico del cine (si es que hay que poner reglas en el cine) al hacer un uso continuo de primeros planos y planos detalle. Eso sí, lo hace de manera totalmente justificada, lejos de ocasionar el exceso es perfecto para lo que quiere transmitir. Todos esos planos detalle de la boca, los labios, las manos, la boca, las orejas, la nariz, la boca, los ojos, la boca...
Esa sensación de no necesitar un plano general para contextualizar el escenario, porque no nos importa. Durante toda la película nos da la sensación de que Adèle y Emma se miran, no existe nada mas.


Por momentos, es como si pudieses vivir tú mismo la vida de la protagonista. Estámos tan cerca de ella y "tan pegados" durante toda la película que llegamos a ser Adèle. Desde que se despierta hasta que se acuesta seguimos con ella y los planos en los que no aparece, son casi inexistentes.

Lo que te dice Adèle no te lo dice con palabras, te lo dice con sus gestos, su pelo, sus labios y con esos planos en los que podemos ver todo de ella. Una belleza perfecta dentro de la imperfección, no hay maquillaje y no se echa en falta, toda esa naturalidad es la gran magia que tiene la película.


Aunque la película se centra por encima de todo en el personaje de Adèle, "La vida de Adèle" no sería la misma sin ese toque azul tan importante que pone Léa Seydoux. Otro de los grandes logros de la peli, es que sabe retratar perfectamente esas dos personalidades que se complementan pero que son increiblemente diferentes. Adèle vive por y para su pareja dejando en un segundo término el resto de cosas, Emma en cambio, busca un equilibrio entre todas las cosas que son importantes en su vida.


De los 180 minutos que dura la película, no sobra ninguno, ya que cada minuto cuenta para conseguir meterte dentro, conocer completamente al personaje y además, dejarte con la expectativa de un final que no ha llegado pero que llegará.

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23.3.14

"La bella y la bestia"; la decadencia de lo bello


'La bella y la bestia', versión Christophe Gans, reviste de algo pocas veces visto en otras: la melancolía por el cuento medio imaginado, medio vivido. 
Es esta una narración que se olvida de una triste realidad para adentrarse en otra, infinitamente más triste, también infinitamente más maravillosa, con capacidad para curar de esa tristeza. Como en los buenos cuentos antes de acostarse.
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29.9.13

'La espuma de los días', alegría y fantasía por bandera

Al principio, Boris Vian, autor de el libro en que se basa, nos avisa "Esta historia es totalmente real. Así la imaginé yo." 
Un pequeño recordatorio, una vez más, de que la vida sin fantasía, sin capacidad de ver lo extraordinario en lo ordinario, no tendría sentido.
Por eso durante unos segundos, nuestra mente amenaza con estallar y no ver más. 
Michel Gondry, qué sorpresa, ha cruzado la línea sin red, sin ningún tipo de reserva, capturando la historia sobre un amor colosal y loco en un París deslumbrante de maravillas. 
¿Hipérbole injustificada? Yo creo que no. ¿Cuántas veces el amor no es una fuerza que arrastra con todo y transforma nuestro mundo en algo más de lo que era antes?
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