8.12.13

'Bienvenidos al fin del mundo'; los héroes que tomaban cervezas


Casi sin darnos cuenta, se nos acerca la treintena. 
Atrás quedan los tiempos felices, tiempos de lucha, inconformismo, puede que incomprensión, pero sobre todo de felicidad. Preguntarse qué ha sido hoy de esos tiempos suena a broma macabra, casi a burla cruel, y lo peor es que quienes los compartieron te dicen que mejor no mirar. ¿Si éramos tan felices, solo al inicio de nuestras vidas... por qué a mediados de ellas no lo somos más? 
Edgar Wright toma esta generación, las que vendrán y las que se fueron, para contarnos en una carta de amor sentida al género lo que ya sabíamos: que no siempre ganamos.
Son palabras mayores, sobre todo en una historia que pretende ser cómica, colar semejante reflexión, sobre nuestra decadencia y sobre los lugares en los que hemos sido felices, a los que no deberíamos tratar de volver. 
Edgar Wright ha madurado, como narrador y como espectador, y en una de las trilogías más redondas jamás hechas nos habla un poco de nosotros, de lo que somos, de adónde hemos llegado. En su tercera entrega, irónicamente llamada 'The World's End' (no por casualidad, la más autoconsciente de en qué lugar se encuentra en su filmografía).
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7.12.13

'Frozen: el reino del hielo'; corazón congelado


'Frozen' se enmarca en una de las dificultades más duras que puede encontrar una película Disney: nuestra propia incapacidad de dejar libre nuestra imaginación, y el arqueamiento de ceja que suponen a estas alturas muchos de los 'clichés' que hace no mucho se le permitían. 
Ante esto, resulta reconfortante, y hasta temerario, que los animadores en Disney hayan creído ciegamente en su concepto. Pero no solo eso, sino que además están plenamente enamorados de él, de todas sus posibilidades. 
Y precisamente, si de algo habla 'Frozen', y muy bien, es del amor. Ella misma, literal y alegóricamente, es un acto de amor.
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6.12.13

'Los juegos del hambre: en llamas'; política y entretenimiento


De la forja de un símbolo revolucionario, de eso va 'Los Juegos del Hambre: En Llamas'. 
Un tema bastante pantanoso, sobre todo en los tiempos que corren de ataque contra el sistema, que podría suponer un paso en falso hacia la consolidación de una franquicia que busca ofrecer la idea de que sí, otro tipo de orden es posible. 
Y sorprendentemente, lo consigue.
Hay que recalcar que 'En Llamas' es secuela de manual: aumento exponencial de los peligros de su primera parte, contemplación velada por el tiempo de los temas que ahí se trataban, y consecuencia directa de la misma. 
Si la Katniss que vemos al principio de esta historia es la que es, es porque hará un año la obligaron a hacer cosas de las que todavía deberá librarse para poder llegar a ser quien tiene que ser.
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5.12.13

'Blue Jasmine'; análisis de la Ignorante


Todo sea dicho, las risas del público cada vez las entiendo menos. 
No es que reírse en una película esté mal, cada cual opinará lo que quiera, pero cuando la nueva historia de Woody Allen empieza y vemos a una Cate Blanchett desmoronada contando su vida entera a quien la quiera escuchar, y el público ríe, uno se pregunta si de verdad están entendiendo la desgracia de esta mujer inútil (y si de verdad no tendrán el mismo pensamiento que ella). 
Allen convierte 'Blue Jasmine' en el reino de la sonrisa congelada, y en reírme de esta colección de hipócritas sería en lo último en que pensaría.
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20.11.13

La regla del juego, de Jean Renoir

LA REGLA DEL JUEGO
La mirada documental de Jean Renoir: leones y gacelas 
Jean Renoir investiga y analiza con la mirada atenta y curiosa de un realizador de documentales el hábitat natural de dos especies opuestas: los señores y los criados. Con un primer vistazo, la diferencia y distancia entre ambos parecen obvias pero poco a poco descubrimos que, en realidad, comparten espacio, oxígeno y pasiones.
Señores/Leones
 El documentalista convierte a los personajes, tanto principales como secundarios, en animales que se pasean por grandes casas en lugar de la amarilla sabana. Captar cada momento en la vida de las manadas de leones y gacelas y las relaciones que se dan entre ambos se convierte en la obsesión del naturalista. Unos leones que, asentados desde hace tiempo, perdonaron la vida a unas gacelas que aceptaron con gusto la servidumbre. Quien nace león, muere león. Quien nace gacela, muere gacela, y si puede ser de vieja, mejor para ella.
Izda: Lisette (Paulette Dubost) Dcha: Christine (Nora Gregor)
Renoir utiliza la profundidad de campo con maestría y sutileza para establecer la relación de poder entre ambas clases. En primer término, los ricos conversan mientras que en segundo término, los criados limpian o recogen los platos. Sin embargo, cuando los criados hablan entre ellos no hay en segundo término ninguna acción llevada a cabo por los señores, sí por otros criados. Las historias y la vida de los criados están, entonces, supeditadas a la vida y las historias de los ricos. Ejemplo extremo es el personaje de Lisette, criada Christine, mujer del Marqués de la  Cheyniest, para la cual señora parece no trabajar sino vivir.
Pero Renoir juega al despiste y, una vez establecida esta aparente superioridad de unos sobre otros, se aventura a ponerla en duda con un recurso de montaje. La escena en que los criados comen en el piso de abajo se cierra con un plano de una radio y, mediante un fundido encadenado, pasamos a otro plano de un aparato de música, esta vez en el piso de los señores que, al igual que los criados, conversan y ríen. ¿Son acaso la misma especie con los mismos hábitos pero en distintos pisos de la lujosa mansión? La respuesta es afirmativa, ya que después de este primer momento de aproximación entre ambos llegamos a una igualación completa de los dos mundos con las peleas entre los machos alfas. La sangre se derrama entre iguales, un rico contra un rico y un criado contra un criado. La interacción sigue siendo horizontal pero ambos estratos se muestran como iguales 


La vida es un juego de apariencias 

La vida es un juego en el que la regla principal es guardar las apariencias. Hay dos tipos de jugadores: los que obedecen la regla y los que no. El Marqués y el resto de señores son del primer tipo. Los criados siguen las reglas por reflejo y, finalmente, las hacen suyas convirtiéndose también en jugadores.
El personaje que interpreta Jean Renoir, Octave, no pertenece a ningún bando. Funciona de mediador, ayudando a unos y a otros, deshaciendo entuertos. Es una apátrida social, no tiene clase: se mueve por el mundo de los ricos pero no tiene dinero. Marceau también se encuentra en su misma situación, es un nómada, un cazador furtivo que cuando intenta integrarse en la sociedad como un jugador más, falla estrepitosamente. Ninguno de los dos sigue la regla principal del juego.
Izda: Octave (Jean Renoir) Dcha: Marceau (Julien Carette)
La partida termina con las sombras de los personajes, sus proyecciones. Lo que en realidad son, sólo formas sin contenido. Los únicos que no se convierten en proyecciones de ellos mismos son Marceau y Octave, no pertenecen a ninguna de las dos clases, los dos están marginados de toda convención social y parecen no estar supeditados a ninguna regla del juego, los dos son los únicos reales.

Leones y gacelas se creen diferentes pero beben del mismo manantial. Sólo los que deciden no perseguir ni ser perseguidos pueden salir de la sabana y, atravesando bosques, montañas y desiertos, puede que incluso lleguen a ver el mar, al igual que hizo posteriormente Antoine Doinel en Los Cuatrocientos Golpes. 
Nunca una comedia domesticada y clasista fue tan salvaje e igualadora


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17.9.13

'Oblivion', la tierra olvidada por el tiempo


Hoy en día, cuando resulta difícil si no imposible encontrar nuevos recovecos en la ciencia-ficción, cuando todo parece condenado a repetir los éxitos de antes bien aguados... llega 'Oblivion'. 
El reino de las nubes, la Tierra que quedó olvidada.
La principal razón por la cual esta película será un auténtico referente es porque se trata de un drama intimista escondido tras una supuesta épica de ciencia ficción. La épica presente tiene más que ver con un magnífico gusto por los escenarios naturales y abiertos que con la acción espectacular.

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'Stoker', herencia y madurez


¿Naces... o te haces? 
La pregunta que plantea 'Stoker' es demasiado sencilla. Pero dentro, encierra múltiples matices, desacordes y experiencias.
Park Chan-Wook lo sabe y por eso opta en convertir la película en la experiencia sensitiva más brutal que el cine ha visto en, me atrevo a decir, años. Nunca con tan simples cimientos se pudo construir algo tan perturbador y fascinante. 
La tranquilidad está en la vena de toda la película, la cual no tiene prisa ninguna por mostrar sus cartas. Se regodea ella misma con la palpable incomodidad de los personajes, atenta sin embargo a cualquier explosión de mezquindad que se asome a la pantalla.

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